Artículo por: Luis Mario Vivanco

La primera respuesta es el bloqueo absoluto. Todo mundo quiere saber cómo está todo mundo. Minutos de zozobra que para algunos se convierten en horas, empezando porque ni siquiera hay luz en muchos puntos de la Ciudad de México. Los teléfonos celulares son la clave, los que no se han bloqueado, alcanzan a mandar mensajes breves: Tembló horrible. ¿Cómo están todos? ¿Están Bien? Yo estoy bien, cómo están ustedes. La radio y la televisión dan señales de alarma de manera torpe y repetitiva, como acostumbran hacerlo, pero es información suficiente para entender que se trata de una gran tragedia, acaso parecida a la ocurrida hace 32 años.

Apenas los teléfonos empiezan a desbloquearse, las redes sociales cobran vida. Nadie hace memes, como los que circularon unos días antes que tembló. Se mandan mensajes como: Yo estoy en esta calle, esquina con esta otra, un edificio colapsó, necesitamos ayuda, hay gente atrapada, hay gente herida. Las ambulancias no se dan abasto. Se escuchan sirenas por toda la ciudad.

La gente camina o corre por las calles, otros sólo permanecen de pie frente a su casa o su edificio. En las redes ocurre algo simple y al mismo tiempo mágico, empiezan por decir, estoy en este punto y está pasando esto. Luego, casi de inmediato, los mensajes se reenvían o responden, casi no hay tiempo para darles un like. Las redes, en especial Facebook, se utilizan para algo concreto, la realidad va de la mano de los mensajes, los alimenta. La información se multiplica. Aquí necesitamos tanto de esto y esto otro. Y en dos o tres minutos, alguien responde, Yo estoy cerca, lo tengo, voy para allá. Luego vienen las duplicidades, las confusiones y los malos entendidos, pero se les encuentra pronto una solución. Alguien propone que se confirmen los mensajes, que se validen con alguien que se encuentre directamente en el lugar que solicitan la ayuda.

Nada escapa a ese monstruo de varios millones de cabezas, nada. Reporta, pide ayuda, atiende, denuncia; sabe quién apoya, quién abusa, quién está presente todo el tiempo y quién no ha hecho acto de presencia en ningún momento.

Cuando el apoyo se vuelve viral

En 1985 la sociedad civil demostró que puede unirse y llevar en conjunto tareas de una gran complejidad. Ahora, las redes han ayudado en buena medida a acelerar la circulación de los datos, la verificación y los ajustes requeridos para el buen funcionamiento de los diferentes apoyos. Hoy por hoy, ha quedado demostrado que las redes sociales le pertenecen a la sociedad en su conjunto, y que ésta los ha sabido utilizar de manera eficaz. Pero quizá no sea el momento de cantar victoria, debemos recordar que el porcentaje de personas con acceso a Internet en nuestro país es todavía muy bajo. Basta con mencionar que los grandes olvidados de este sismo fueron Iztapalapa y Tláhuac. Y ni qué decir de Chiapas y Oaxaca, que por más que algunos insistieron, quedaron muy de lado en las redes sociales.

En un momento crítico, una parte de la sociedad ha sabido utilizar de buen modo y con grandes logros las redes sociales; ahora, habrá que ver en lo sucesivo. Cuando las circunstancias regresen lentamente a su cotidianidad, quizá debamos asegurarnos de que la mayoría de la información que circule no esté llena de datos simples, memes, chistes sobre políticos y chismes de toda clase; o, en el peor de los casos, que unido a esto, seamos capaces de encaminar esta poderosa herramienta a la construcción de una sociedad más justa y equilibrada, a reforzar las buenas acciones y obligar a que se castiguen las malas.

Lo han dicho ya en las propias redes hasta el cansancio: esto no ha terminado, apenas comienza.

Imagen: The Associated Press